jueves, 16 de julio de 2009

Perder para Viajar

Tardamente descubrí que en un lugar recóndito había alguien que silenciosamente golpeaba una puerta; me llamaba día tras día sin anoticiarme yo de dicho golpeteo. Claro que yo me hallaba sumergida en un lugar donde no se hallaba en el campo perceptivo la presencia de esa puerta. Mis sentidos no escuchaban ese golpeteo insistente.

Un buen día, me escondí de todo aquello que era mi yo; y así comencé a caer en un lugar no conocido de mi. Allí, pude escuchar que algo sonaba fuertemente. No reconocía qué era ese sonido que me atemorizaba. Lentamente el temor comenzó a irse y me animé a buscar el lugar de donde provenía aquel sonido intrigante.

En el camino espiralado me encontré con espejos que mostraban todo lo que había sido en estos últimos años; todo lo que había perdido por perseguir algo que no era lo que me llevaría hacia cierta tranquilidad.

Tanto “mi”, tanto “yo”, tanto “ser” habían colapsado toda posibilidad de Deseo, de Sujeto.

Luego de atravesar y soportar el encuentro con lo que mostraba el reflejo de lo que es perderse a sí mismo, hallé una puerta. Al comienzo la misma, era de un tamaño particular. Se caracterizaba por ser pequeña, de cartón, en fin no aparentaba presentar dificultad alguna para ser abierta. Los golpeteos eran cada vez más continuos.

Puesta la inquietud en escena proseguí a abrirla. Para mi sorpresa, la apariencia me había engañado. La puertita no se abrió. Varios intentos fallidos, desplazaron mi interés al agotamiento. Los golpeteos no se oían.


Me senté apoyando mi espalda contra la puerta, provocando la apertura de la misma. Y allí miré en busca de hallar al causante de los golpeteos. Y fui presa del rose suave de algo que aún desconozco qué es, pero sabe cómo producirme placer.

lunes, 6 de julio de 2009

Huella encellada


Cuando encontré aquello que desee tantos años, decidiste borrar, no a vos, sino a la huella que poco a poco fuiste haciendo junto a mi más profunda.


Un día amanecí, te miré y vi en tu mirada una huella, que no era la misma que habíamos creado en mi, sino una negra que no tenía finitud alguna. Y esa, era distinta; tenía un sesgo de extrañeza que me asustaba y día a día me volvía más loca porque no comprendía por qué en ti habíamos construido un agujero negro.

Con el tiempo aprendí a mirarte y poner palabras a aquello que se me hacia tan inexplicable y desesperante a la vez. Trataba de meterme en ese agujero que tanto me asustaba. Te amaba cada vez más, daba todo por vos y mi voz habló.

Me habló de lo poco que había en ti de mi, de lo envano que era seguir bordeando ese agujero que era un laberinto sin salida.

Sólo espero que algún día tu voz te deje salir de esa mirada que no paró de mirarse a sí, y te permitas oír y ver que existen agujeros que no son negros. No te caigas…

lunes, 30 de marzo de 2009

Amargamente: un prolongado enojo


Cuestionamientos no novedosos abundan en mi mente mientras tu estás vaya alguien a saber dónde. Un donde que no responde ni al tiempo ni al espacio, un donde no medible, no ubicable ni tangible.

Marcaciones de todo tipo circulan, provenientes de los otros, del Otro, de mi yo, de mi moral...y nada...sin elección perduro suspendida, flotando sin saber para donde ir, porque tu no estas, no estas ni ahí ni allá.

Terminas siendo la Nada del Todo; el Todo de la Nada.

Pues antes, elegía, y nunca me había percatado de lo hermoso que es elegir, que es responsabilizarse de las elecciones. Ya no puedo, no quiero elegir (la elección de la no elección) porque lo que elegí fue rechazado por tu elección.

Indeterminaciones que despistan del camino; floto y floto sin rumbo alguno.

El problema es que se lo que quiero, pero con ello no basta, porque a ti no puedo cambiarte, a ti no puedo exigirte cosas que no existen en tu ser...quedo desesperanzada, desembarazada de toda esperanza de posibilidad.

Algún día alguien me dirá "Abre los ojos" y ya será tarde, porque no podré flotar más.

jueves, 5 de marzo de 2009

Silencioso Momir

Tu cuerpo recostado ahuya en auxilio de un rescate desde el más allá. Tu mirada perdida mira constantemente en busca de algo que te oriente, me miras y no comprendes qué haces allí. Tu sueño ha sido el capturador y obnubilador de tu consciencia.

Lentamente recobras la respiración. Las palpitaciones disminuyen. Tu mirada ya no es vacía. Tus ojos se clavan en los míos y me dices que no estás aquí, que te han atrapado.

Me agito, me desespero por hacerte comprender que la realidad es otra, que tu sueño ha alterado parte de tu consciencia. Giras la cabeza y lentamente te sacudes con movimientos estereotipados. Me tocas la cara y me dices que no me sientes.

Me toco, y te digo que sí me siento a mí misma. Procedes a tocar la tuya, mientras dejas entrever unas leves lágrimas que caen por tu piel. Las toco, te acaricio y me dices que te han atrapado.

Caigo en la razón de que algo nuevo ha comenzado.

La nueva realidad que vivirás será la condena de nuestro amor.