
Por favor que modo extraño de extrañar mis breves ensayos. Juguemos a imaginar que quieren leer lo no dicho; que anhelan mis modos de escribir, y por qué no de amar, de pensar.
La extrañeza de saber que provocas algo en el otro que ni siquiera te imaginas que sos capaz. Sin la mínima intención de seducir, donde el arma de la mirada no tiene lugar en un medio virtual, mis palabras capturan lo mas banal del otro, el ansia de que yo escriba.
Las reconfortantes palabras que se entrecruzan en este lugar llamado "...la extrañeza...", trastocan mi idea de que nadie logra comprender de lo que hablo, cuando convoco al decir y no al dicho.

5 comentarios:
Me recuerda ese poema de Fernando Pessoa:
¡NO, NO DIGAS NADA!
¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.
Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.
Es mejor de lo que tu...
No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.
En nuestro campo - el de las cosechas más pobres, el de las vacas más flacas - el campo de la palabra, mejor haríamos en hablar de sedicción que de seducción, de sedecir en lugar de seducir... saber decir, ser decir. Y a veces sedecir es no decir nada, sedición. Mi demanda, infame y desprolija, es una sed de dicción: ¡Sed dúctil!
Y sí, a la larga, uno habla o escribe y sabe que dice algo, entonces también sabe que no dice algo, no sólo que está el silencio entre las palabras que uno escribe o dice, sino que está el espacio de lo no-dicho, todas esas palabras y silencios que no están siendo llamados en ese momento y por qué no, todo lo que no se puede decir, capaz porque ni siquiera hay palabras... casi que me veo obligada a citar "Prólogo de un libro que nunca pude empezar", pequeño texto de Felisberto Hernández.
Saludos,
Sabri.
Pienso decir algo de alguien. Sé desde ya que todo esto será como darme dos inyecciones de distinto dolor: el dolor de no haber podido decir cuanto me propuse y el dolor de haber podido decir algo de lo que me propuse. Pero el que se propone decir lo que sabe que no podrá decir, es noble, y el que se propone decir cómo es María Isabel hasta dar la medida de la inteligencia, sabe que no podrá decir no más que un poco de cómo es ella.
creo que mi comentario quedó como un trabalenguas incomprensible.
Bueno, después de todo lo que dije sobre el saber decir en la sedicción de la sedición, la idea de un trabalenguas, de algo que trabe la lengua, viene totalmente a cuento.
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